lunes, 17 de diciembre de 2007

Los campos de Don Chico

Si en 1850 hubiera existido “Google Earth”, y Don Francisco “Chico” Saravia hubiera podido mirar desde el cielo (como podemos hoy nosotros), los campos que caen desde la Cuchilla Grande, entre las puntas del Cordobés y el Avestruz Grande, hacia las cuencas del Río Negro y el Olimar, difícilmente se hubiera volcado a poblar en el rincón que forman el arroyo “La Ternera” con el “Sánchez”. Como lo hizo, cuando levantó los primeros ranchos de lo que fue la estancia de “La Chilca”, donde nacieron, gatearon y dieron sus primeros pasos, Gumersindo, Basilicio, “Chiquito”, Aparicio y José.

Difícilmente lo hubiera hecho, porque desde el espacio es imposible percibir la incomparable fertilidad de los campos de “La Ternera”, que fue lo que cautivó a Don Chico. Y lo convenció de poblar allí y no en otro lado.

Son campos para ver de la altura del caballo. Y a su andar, que es la marcha a la que se pueden conocer las cosas, si de conocerlas a fondo se trata. Porque desde un avión o con los mapas aéreos se pueden ver los meandros de la “Ternera” y el “Sánchez”, las serranías que los circundan y uno puede imaginar la sombra y las aguadas en verano y el abrigo protector en invierno. Pero nunca podrá imaginar los trebales verde oscuros entre las reboladas de talas, carobas, molles y coronillas; el “vicio” de la babosa en las laderas profundas ; la alverjilla de los bajos y el pasto miel enmaciegado en las cuchillas.

De los trece hijos que tuvieron : hay tres héroes regionales, guerrilleros a la antigua y muertos en combate (Gumersindo, Aparicio y Chiquito).

Con la historia de los dos primeros se puede llenar fácilmente una biblioteca (o dos : una en Rio Grande do Sul, la otra en el Uruguay). Estos tres eran blancos al igual que Pancho, Mariano, Camilo y Timoteo; Basilicio y José, colorados.

La parte épica (y política) de la historia de los hijos de Don Chico, pertenece claramente al siglo XIX (la muerte de Aparicio, que finaliza la revolución del 1904, es definitivamente decimonónica), aunque cubre, más que como paradigma como contraste, buena parte del siglo XX. En cuanto a la “otra historia”, el Saravia mas notorio de la primera mitad del siglo pasado, fue José : por protagonizar el crimen mas famoso de aquel tiempo : el crimen de “La Ternera”, justamente.

lunes, 10 de diciembre de 2007

Campo bueno y buenas cruzas

A ciento cincuenta años de que Don Francisco “Chico” Saravia llegara a “La Ternera” (actual 8ª de Treinta y Tres, estribaciones de la Cuchilla Grande), sus descendientes directos, siguen comprobando asombrados, la fertilidad de aquellos campos de sierra y probando buenas cruzas de razas vacunas para mejor aprovechar tan buen pasto, tanta sombra y abrigo, tantas buenas aguadas.

Aquel riograndense , mas taimado que tacaño, emprendedor y ocurrente, se llevó a la tumba el secreto invalorable de distinguir campos buenos de campos ruines. Porque durante cuarenta años, supo juntar* no menos de 30.000 hectáreas, y es fama que no hay un metro que no sea buen campo : lamparones de invernada que parecen pura piedra, rodeados de otros que parecen buenos y apenas sirven para criar chivos. Claro que no es por aquel raro arte que la historia lo recuerda, sino por ser el padre de Gumersindo y de Aparicio (entre otros).

Lo de las cruzas de sangres ya es otro cantar, porque nadie en su sano juicio podría sostener que cuando don Chico decidió mezclar la suya con la de Doña Pulpicia (Da Rosa), se proponía lograr el resultado tan descomunal como disímil que logró.

Nos hace acordar al cuento aquel del miliquito de frontera que dio el “alto” a un contrabandista de frontera que siguió de largo. Cuando por intimidarlo le tiró de atrás y a la carrocería, y vio y escuchó la explosión del coheterío, sólo atinó a mirar el arma que tenía en la mano: qué me han dado, una bazooca, se preguntó. Otro tanto se habrá preguntado Don Chico, contemplando”su armamento”, cuando al cabo de los años comprobó la clase de hombres que había procreado.

Uno tiene la tentación de imaginarlo al llegar a “La Ternera” (más allá de lo que dice la historiogafía: de que vino una o dos veces, de que vino solo o ya casado). ¿A pie?. ¿En mula? ¿En carruaje? Prefiero imaginarlo jinete en un tobiano, con una mano atrás y otra adelante ( y en la primera un mazo de barajas).

¿ Y porqué vino a aquí, a “La Ternera” mas específicamente? Porque Saravias no era algo que faltara en esta zona y por aquellos años, justamente.

Lo cierto es que a partir de 1853 se dedican con Doña Pulpicia a la “cría intensiva” de gurises. El primero, Gumersindo en 1853, el último Timoteo en 1871.